2 de marzo de 2021 Blog Por

Defensores de derechos humanos de todo el mundo merecen un lleno futuro de esperanza

Imagina que eres una flor enraizada a la tierra, con hermosos pétalos color naranja y un tallo verde fuerte por donde fluye el agua. Sin sol ni lluvia sería imposible crecer .

Ahora, imagínate que hay una nube densa siempre sobre ti, no produce lluvia y no deja pasar el sol. No estás viviendo como deberías, estás sobreviviendo. Los defensores de los derechos humanos en muchos países son flores que sobreviven bajo esa nube de amenazas.

Hoy se cumplen 5 años del asesinato de la ambientalista Berta Cáceres. Su muerte fue la gota que rebosó la copa que inspiró el nacimiento del Protocolo de la Esperanza. Berta recibió 33 amenazas de muerte antes de ser asesinada, al igual que muchos de nuestros colegas.

Los defensores de derechos humanos desempeñan un papel clave para garantizar que los gobiernos respeten la Declaración Universal de Derechos Humanos, nos dan información crucial sobre la violación a dichos derechos y trabajan arduamente por los derechos de todas las personas haciendo grandes esfuerzos. Como dice el protocolo: “…estos esfuerzos pueden ser individuales, pero a menudo son colectivos en procesos que involucran a comunidades, organizaciones, redes y movimientos.»

 

«Si bien esto intenta proteger el impacto físico de las amenazas, ignora el peso invisible que conlleva una vida de amenazas»

 

¿Por qué nos centramos en las amenazas?

Globalmente, las amenazas se han utilizado para intimidar a DDH, sus familias, comunidades o aliados, y están dirigidas a inhibir su acción individual y colectiva. Las amenazas interfieren con el derecho a defender los derechos y también pueden afectar los derechos a la vida, la seguridad, la integridad, la dignidad y la privacidad.

La tasa de impunidad es altísima en estos casos y cuando los Estados actúan, se centran en medidas de protección de la seguridad física como guardaespaldas o teléfonos móviles de emergencia. Raramente se prioriza la investigación para hallar los responsables de dichas amenazas y por ende su judicialización.

Estas tendencias ignoran el peso invisible que conllevan las amenazas a la vida: los impactos emocionales, psicológicos, sociales y económicos sobre los destinatarios y sus familias, así como las dimensiones colectivas de estos riesgos y sus impactos.

El Protocolo imagina un futuro en el que los defensores de derechos humanos vivan una vida digna y quiere crear ejemplos para las generaciones futuras, que vean que luchar por los derechos es un trabajo digno y respetado.

El Protocolo de la Esperanza busca concientizar sobre la necesidad de la investigación criminal de amenazas y brinda un espacio para reevaluar los costos emocionales de las amenazas y la impunidad, así como crear lineamientos y estándares para los Estados en estos casos.

El Protocolo imagina un futuro en el que los defensores de los derechos humanos vivan una vida digna y quiere crear ejemplos en expansión para las generaciones futuras, que vean que luchar por los derechos es un trabajo digno y esperanzador.

¿Qué puedes hacer para ayudar ?

Si hay algo que la pandemia ha mostrado es cómo se siente vivir con una amenaza constante y un futuro incierto. Este año, más que nunca, muchos de nosotros pudimos sentirnos identificados con los defensores de derechos humanos, aislados, confinados, con miedo a una amenaza invisible. Para que juntos podamos transformar estas situaciones, puedes apoyar a la ONG COPINH, que está constantemente trabajando para que se haga justicia en el caso de Berta Cáceres y son quienes han continuado con el legado de su trabajo de defensa ambiental. También puedes mantenerte informado sobre el Protocolo de la Esperanza (PLE) siguiéndonos en las redes sociales Instagram y Twitter, utilizando el hashtag #Hope4Defenders #DerechoaDefender