Transformar el dolor y las heridas en la búsqueda de justicia: el caso de Linda Loaiza
26.Marzo.2021

27 de marzo de 2021

El 27 de marzo, se conmemora la lucha de Linda Loaiza López Soto, sobreviviente de violencia de género y víctima de múltiples violaciones de derechos humanos por parte del Estado venezolano. Su experiencia narra cómo ella transformó el dolor y las heridas de la violencia que vivió, ejercida tanto por su agresor como por las instituciones que le negaron el acceso a la justicia, hacia una lucha incansable y admirable en la defensa de los derechos de las mujeres.

Hace 20 años, Linda fue privada ilegítimamente de su libertad por un particular. Ella tenía 18 años, se había inscrito recientemente en la universidad y vivía con su hermana. Fue secuestrada al salir de su casa y sometida por su agresor a torturas, malos tratos y violaciones durante casi cuatro meses. Aunque su hermana denunció en múltiples ocasiones con las autoridades su desaparición, ésta no fue investigada. 

La violencia física, psicológica y sexual a la que se enfrentó Linda Loaiza tuvieron un impacto profundo y permanente en su vida. Esta violencia no cesó ante su liberación, sino que continuó durante su búsqueda por justicia. A lo largo del proceso judicial, Linda vivió una revictimización permanente derivado de múltiples irregularidades en la investigación, retrasos injustificados y el uso de estereotipos de género por las autoridades. 

Después de años de exigir justicia ante los tribunales, incluso después de haber realizado una huelga de hambre, fue hasta un segundo juicio en el que logró que se estableciera una pena en contra de su agresor. Sin embargo, la condena obtenida fue por privación ilegítima de la libertad y lesiones gravísimas, desconociendo las violaciones y torturas que experimentó durante su cautiverio.

Linda Loaiza llevó su caso al Sistema Interamericano debido a que persistió la impunidad en relación con la violencia sexual de la que fue víctima. En su declaración ante la Comisión Interamericana, ella señaló que acudía a un sistema internacional de protección esperando que, a diferencia de lo que vivió en Venezuela, “no imperarán ningún tipo de privilegios sociales, económicos o políticos”, y solicitó que el caso fuera elevado ante la Corte Interamericana para lograr acceder a garantías de no repetición hacia mujeres víctimas de violencia. 

El proceso ante el Sistema Interamericano culminó en la Corte Interamericana con una sentencia condenatoria en contra del Estado venezolano. Esta sentencia fue la primera en declararse sobre violencia de género en Venezuela y estableció la responsabilidad del Estado por actos cometidos por un particular debido a que las autoridades venezolanas no lograron prevenir, investigar ni sancionar la tortura y esclavitud sexual a la que Linda fue sometida. 

En la sentencia del caso, la Corte señaló que “la ineficacia judicial frente a casos individuales de violencia contra las mujeres propicia un ambiente de impunidad que facilita la repetición de los hechos de violencia en general y envía un mensaje según el cual la violencia contra las mujeres puede ser tolerada o aceptada”. Además, la sentencia también estableció precedentes importantes sobre los elementos de la esclavitud sexual como una manifestación de discriminación de la mujer.

En un contexto de violencia contra las mujeres generalizado en el continente, agravado durante la pandemia, el caso de Linda cobra relevancia por su potencial de impactar la situación de un gran número de mujeres víctimas de violencia, tanto en Venezuela como el resto el mundo. 

Hoy en día, Linda Loaiza es una abogada y activista dedicada a la defensa de los derechos de las mujeres. Su caso se ha constituido en un referente fundamental en la lucha contra la violencia de género en América Latina. Además, su historia también ha impulsado a otras víctimas del mismo agresor, Luis Carrera Almoina, a denunciar los hechos.

El libro Doble crimen: tortura, esclavitud sexual e impunidad, coescrito con la activista por el derecho de las mujeres venezolana Luisa Kislinger, narra la travesía de Linda desde que ocurrieron los hechos hasta la actualidad. A la fecha, el Estado venezolano no ha cumplido con ni una sola de las reparaciones ordenadas en la sentencia. No obstante, en el libro se destaca el valor de que el caso de Linda Loaiza llegara ante un tribunal internacional, dado que “logró que la escucharan, que le creyeran, y que condenaran a ese sistema que la desamparó, la revictimizó y le falló a ella y a tantísimas mujeres víctimas de violencia antes y después de su caso”.

Conmemorar la lucha de Linda es visibilizar su valentía, que a pesar de todos los obstáculos a los que se ha visto enfrentada, no ha sido en vano, y a su vez, rechazar la violencia contra las mujeres, reconociendo que como sociedad queda mucho trabajo por hacer. Ella ha sido la voz de muchas mujeres y la esperanza de que sea posible, como lo diría la antropóloga y activista feminista Rita Segato, evitar que todos los ideales y preconcepciones de la violencia puedan ser desinstalados, toda vez que el ser humano “puede evaluarlos, hacerles un juicio ético y desaprobarlos”.