Intervención de la Coalición Internacional de ONGs ante jefes de delegación y el Secretario General en el Marco de la AGOEA
Publicación: 26.Agosto.2009

En el 2009 celebramos el aniversario de la Convención Americana y de los

órganos de protección de los derechos humanos: la Comisión y la Corte.

Mirar estos años debe servirnos para reflexionar sobre el papel que el

Sistema Interamericano ha jugado en la historia de nuestro continente y

acerca de cómo puede fortalecerse

En épocas de dictaduras, guerras civiles y gobiernos autoritarios, la

existencia del Sistema Interamericano permitió juzgar abusos que de otra

forma la justicia hubiera olvidado, ayudó a superar la impunidad de

algunos criminales y obtuvo la reparación y el reconocimiento para miles

de víctimas. A él acudieron con desesperación quienes no encontraban

justicia en sus países. Los órganos de protección contribuyeron de manera

significativa a allanar caminos hacia el desarrollo del Estado de Derecho

en gran parte del hemisferio.

El impacto del sistema interamericano se evidencia desde la primera visita

de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la República Argentina

en la época de dictadura, en los importantes desarrollos jurisprudenciales

sobre desapariciones forzadas en Honduras y de pueblos indígenas, como en

el caso YATAMA de Nicaragua, hasta el impacto de la sentencia de la Corte

en el caso Barrios Altos y su incidencia en el enjuiciamiento y condena de

Fujimori en Perú.

A pesar de los avances, la realidad muestra cada día nuevos ejemplos de

violaciones a los derechos humanos. Miles de personas en nuestro

continente todavía esperan justicia para sus reclamos. El Sistema

Interamericano sigue siendo la última esperanza de las víctimas y un pilar

imprescindible para identificar y corregir las debilidades de las

democracias hemisféricas.

Sin embargo, el Sistema Interamericano enfrenta serios riesgos en su papel

de protección a los derechos humanos. Estos peligros tienen sus

principales manifestaciones en el incumplimiento de las decisiones de la

Corte y la Comisión por parte de algunos gobiernos; la interferencia

política sobre la independencia de los órganos del sistema, mediante la

falta de aportes financieros regulares, y el intercambio de votos para

decidir la integración de los órganos de protección, por encima de la

ponderación de las cualidades de los candidatos y candidatas.

A lo anterior se suma la persecución y criminalización de los defensores y

defensoras de derechos humanos en algunos Estados de la región, que se

evidencia, entre muchas otras arbitrariedades, en amenazas, ejecuciones

arbitrarias, desapariciones forzadas, acumulación ilegítima de información

por los órganos de seguridad e inteligencia del Estado y en la

interferencia ilegal de las comunicaciones, pues nos consideran enemigos

de las instituciones oficiales.

Los riesgos que enfrenta el Sistema Interamericano son consecuencia de

políticas estatales dirigidas de una u otra forma a minar su legitimidad,

las cuales, además, contradicen el deber de los Estados de ser los

garantes colectivos de los órganos de protección de los derechos humanos.

Los países de la OEA han elegido el tema de la no-violencia como eje

central de esta Asamblea. El buen funcionamiento y fortalecimiento del

Sistema Interamericano contribuye a construir una cultura de no-violencia

en la medida en que las víctimas de esas agresiones encuentren respuestas

a sus reclamos. Las violaciones a los derechos humanos que aún persisten

requieren una reacción reparadora de los sistemas judiciales nacionales y

subsidiariamente del Sistema Interamericano.

Por lo tanto, los Estados tienen la responsabilidad de asegurar que sus

sistemas judiciales brinden a los ciudadanos una respuesta efectiva de

protección frente a la violencia, pero también está en sus manos asegurar

que, frente a una falla estatal, el Sistema Interamericano será capaz de

hacer justicia. Sin estas garantías fundamentales se perpetúa la impunidad

que alimenta el ciclo de la violencia.

Coincidimos con el Secretario General, quien recalcó en el día de ayer, en

el diálogo informal con la sociedad civil, que el fortalecimiento del

Sistema Interamericano debe basarse en la aspiración de hacerlo universal,

en aumentar su eficacia, mejorar su accesibilidad y asegurar su absoluta

independencia y autonomía.

Los Estados son los guardianes del Sistema de Protección de los Derechos

Humanos, si los sistemas nacionales de la región no son capaces de

restablecer los derechos de las víctimas y son susceptibles de cometer

errores, los Estados, como ocurre en Europa, tienen la obligación de

garantizar la eficacia del Sistema Internacional. Fortalecer el sistema

implica un respeto a su autonomía e independencia, el acatamiento y

cumplimiento de sus decisiones mediante la implementación de

procedimientos internos, la no interferencia política, la elección

responsable de los integrantes de los órganos de protección y el

financiamiento adecuado.

Corresponde a los órganos políticos de la OEA asumir tareas en esta

dirección. Nosotras y nosotros, defensoras y defensores de derechos

humanos, estamos prestos a contribuir en estas tareas.